About Celestia
Si viaja en grupo reducido o en pareja buscando espacio sin concesiones, el Celestia tiene sentido: su casco de 45 metros reparte apenas siete cabinas en dos cubiertas, de modo que nunca recorrerá pasillos estrechos ni esperará a que alguien libere una tumbona en el solárium. Esa extensión de teca y acero se diseñó para los canales abiertos de Komodo, donde los vientos de tarde arrecian frente a Padar: disponer de una plataforma estable significa poder hacer wakeboard en bahías tranquilas y después instalarse en la cubierta superior con una copa mientras el sol alcanza la cresta de la sierra. Está construido para el movimiento, no solo para fondear.
Sus jornadas transcurren por las zonas occidental y central del Parque Nacional Komodo, donde las corrientes atraen a las mantas hasta estaciones de limpieza como las de Manta Point, junto a Karang Makassar. Esnorquelearán allí a media mañana del segundo día, cuando la luz en superficie es más intensa y la visibilidad suele superar los 15 metros. Esa misma tarde derivarán junto a la desembocadura del estuario de Kalong, observando cómo miles de zorros voladores ascienden en espiral hacia los manglares al crepúsculo: un momento que se vive mejor desde la cubierta de popa, donde la conversación baja de manera natural. En el tercer día, el banco de arena de Taka Makassar emerge con la marea baja, y el Celestia fondea lo bastante cerca como para cruzar en paddle surf hasta el filo del arrecife de Kanawa.
Dormirá en una de las siete cabinas, dispuestas para minimizar el ruido de los motores y maximizar la brisa cruzada: dobles ojos de buey, carpintería sólida en madera y ventilación de regulación individual significan que no necesitará aire acondicionado constante si calcula bien las aberturas. La Suite Principal se sitúa a proa en la cubierta superior con acceso directo al solárium; las seis cabinas restantes (cuatro dobles, dos twin) se ubican a mediobuque en ambos niveles, cerca del salón pero separadas por mamparos para preservar la intimidad. Las duchas son presurizadas, no por gravedad, y las toallas son lo bastante gruesas como para secarle de verdad tras un baño matinal.
Las comidas siguen un ritmo claro: café fuerte y fruta antes de la caminata entre dragones en la isla de Komodo, un almuerzo preparado para llevar tras la parada en Pink Beach —donde el tono rosa coralino de la arena es más vívido al mediodía— y después una cena completa bajo las estrellas. La cocina funciona con hornillos de gas propano, no por inducción, lo que permite reducir salsas como es debido y sacar el pan con corteza crujiente. Adaptan los menús a alergias si lo avisa con antelación: la semana pasada, un huésped con sensibilidad a los mariscos recibió atún a la parrilla como alternativa en todas las comidas, sin contratiempos.
No se trata de un velero ecológico silencioso: el Celestia navega con dos motores diésel y corta la marejada cuando hace falta, lo cual importa en septiembre, cuando la estación seca levanta olas cortas y escarpadas entre Gili Lawa y Batu Bolong. Si es propenso al mareo, elija una cabina en la cubierta inferior, sobre la quilla. Pero si quiere cubrir distancia sin sentirse apresurado y dormir profundamente entre fondeaderos, su equilibrio entre velocidad y confort se sostiene. Reserve con antelación para julio o agosto: su distribución de siete cabinas se llena deprisa con familias o grupos de amigos que se suman.










