About Ilike
La primera mañana en Ilike, desperté con el sonido del agua golpeando suavemente el casco de madera y el aroma del café javanés recién hecho. El sol acababa de salir sobre las islas Wayag, tiñendo los farallones de piedra caliza con un dorado suave. Pisé descalzo la cubierta de teca, aún fresca del frescor nocturno, y observé una canoa de pescadores deslizarse en silencio entre dos islotes. Parecía que éramos las únicas personas en todo el archipiélago. Con 32 metros de largo, Ilike no es el barco más grande, pero con una sola cabina, toda la embarcación parecía hecha a nuestra medida.
Nuestro primer día completo lo pasamos en el estrecho de Dampier, una de las zonas más biodiversas de Raja Ampat. Nuestro guía, Pak Joko, señaló un par de tiburones wobbegong escondidos bajo un saliente en Cape Kri. En ese único buceo conté 17 especies distintas de peces. Tras el almuerzo, derivamos con la corriente en Manta Sandy, donde tres mantas nos rodearon como satélites lentos y elegantes. Una se acercó tanto que pude ver las manchas individuales en su dorso —una especie de huella dactilar, me explicaron, que los investigadores usan para identificar ejemplares.
Cada noche fondeábamos en una bahía distinta. Una noche cerca de Arborek, donde nadamos hasta la orilla para visitar una escuela comunitaria. Los niños nos saludaban desde el embarcadero, gritando "Hello!" al unísono. La tripulación del barco había montado una mesa en la cubierta trasera con cervezas Bintang frías y brochetas de mahi-mahi a la parrilla. La cena se servía bajo las estrellas: curry amarillo con arroz de coco, ensalada de papaya y buñuelos de plátano frito. El generador se apagaba a las 10 de la noche, y el único sonido era el chapoteo ocasional de algún pez saltarín.
La segunda mañana llegamos a la laguna de Wayag. Subimos al mirador famoso —238 escalones de madera por una ladera empinada— y caímos exhaustos en la cima, sin aliento pero asombrados. La vista era alucinante: un laberinto de islas con forma de champiñón, rodeadas por aguas tan transparentes que parecían de cristal. Por la tarde, buceamos con tubo cerca de los arrecifes de las islas Penemu. Una tortuga verde nadó junto a mí durante casi un minuto, completamente tranquila. Podía ver los percebes en su caparazón, cómo movía sus aletas como abanicos lentos.
De vuelta a bordo, la tripulación nos entregó toallas y té caliente de jengibre. Ilike funciona con energía solar y un generador diésel de respaldo, así que las duchas eran breves pero con agua caliente. La única cabina —claramente pensada para una pareja o viajero en solitario— tenía una cama queen, un pequeño escritorio y una escotilla que daba al mar. La carpintería en todo el barco era de hierro negro, pulida a mano con un acabado liso y encerado. No hay aire acondicionado, solo ventiladores de techo y ventilación cruzada por ventanas con marcos de teca.
En la mañana final, paramos en un sumidero azul cerca de la isla Gam. Era lo suficientemente poco profundo para estar de pie, pero las paredes descendían verticalmente hacia la oscuridad. Bancos de fusilier flotaban cerca de la superficie como monedas de plata. Al salir, encontramos que la tripulación había preparado un desayuno con nasi goreng y mango fresco. Mientras navegábamos de regreso a Sorong, me senté en la proa, con las piernas colgando, viendo cómo el sol disipaba la niebla matutina. No era ostentoso, pero se sentía auténtico: como si hubiéramos visto Raja Ampat no como turistas, sino como invitados.










